La prisa de la primavera apuñala, la intrepidez de tu boca me amenaza,
Las horas pasan volando como golondrinas sin almas…
Esto de querer verte, me aturde, esto de que me quieras ver me libera…
Juego a los juegos más peligrosos, me lleva el viento, y a mis ángeles les fascina la sutil adrenalina que estos tan intrépidos y voraces provocan en mis venas.
Pierdo el tiempo en noches cabrías, algunas otras duermo con tu alma, otras noches sin vos, pierde pureza el alma mía…
Me santifico ante tu boca, me enaltece tu gemido, me atrinchero en tu piel como soldado que deserta.
Matando al calendario, me libero de mi mismo, del tiempo que no tengo, del tiempo que tengo clavada tu mirada en mi retina. Soy un idiota si logro que te vayas, me sentiré rey si logro que te quedes un minuto más, y para siempre.
Supongo, que tenerte entre mis manos es más difícil que ignorar al sol cuando la luz del alba penetra, en tu ventana.
La inocencia de la noche me enternece, la maldad de la madrugada me atemoriza suavemente, pierdo el control algunas veces, y otras…la cabeza.
Me suspira en el fondo una deuda, traicioné al mar con la tierra, cambié el viento por las armas sin municiones.
La prisa del invierno nos acribilla con sus besos mortales, la intrepidez de tu boca se me escurre entre las manos del destino.