Seguiré galopando este amor, hasta que el viento me arranque de un soplo el corazón,
Al filo del dolor, en cuestión de segundos…
En un ocaso añejo, resplandecen tus ojos jóvenes con su tenue lid, su ira y su ironía, que retozan con los míos.
Siendo yo el caudillo, tu Kaiser, tu Kan…
Tu deseo amarrado a un hilo, en medio del mar.
Sin linde que separe tus labios de los míos, con su lirismo peculiar.
Que lúgubre, me desparramo en el magnetismo de tus manos, de tu escote, de tu mácula inmaculada y tormentosa sensación de sensaciones.
Que siendo tan sutil lo tuyo, y lo mío tan bravío, agreste y montés.
No hay comentarios:
Publicar un comentario