Sin rastros de nosotros, ni de astros que se aliñen para
nuestro encuentro…
Sin embargo yo te busco por las calles del olvido…
Ya perdí tus ojos en el diapasón de la noche…
En el formato longevo y triangular de un cristal,
parecido a tu reflejo más intacto, que en ningún tiempo de cualquier vana
historia de amor, se podrá borrar la tinta con que fue escrita, simplemente,
para no olvidar.
Sin rastros de nosotros, ni siquiera del aroma al deseo de
desearnos mar… siendo lluvia.
Lo bueno del viento es que seca las lágrimas, cada tanto me pierdo buscando en mi piel rastros
de tus huellas dactilares y solo encuentro como montón de vestigios partículas
de óxido y a mí alrededor nada, solo el aire viciado por tu ausencia.
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